El balance en la emoción es la cordura

¿Tienes una vida plena, llena de sueños y proyectos o con desequilibrio y desborde emocional?




Para los que viven en la emoción desenfrenada, la vida puede representar el gran riesgo de la locura; incluso el acabar en un manicomio. Pero para los que viven con la imaginación totalmente controlada por la razón, esta puede representar la muerte en vida, una vida gris, llena de mediocridad, fría y calculada, sin ninguna emoción que haga vibrar, llorar o reír. Es el equilibrio perfecto el que te puede hacer una persona balanceada, con una vida suficientemente estable para lograr mantenerte en pie, emocional y financieramente, siempre viendo hacia adelante y con la frente en alto; y al mismo tiempo vivir con creatividad, sueños, objetivos e ideales, para tener una vida sana, nueva cada día y a cada instante. Es el balance perfecto el que te acerca a lograr ese estado tan buscado llamado “felicidad”. No es ni en la rutina estoica, en la angustia del estrés, las prisas, el enojo, el coraje, ni la preocupación, en donde la encontrarás. Pero tampoco es en el placer por el placer, ni el hedonismo constante que te lleva a brincar de emoción en emoción, de aventura en aventura, de bohemia en bohemia, de amante en amante y de sueño en sueño.

La inteligencia racional y la emocional

Es muy poco frecuente que ambas inteligencias pueden estar operando al mismo tiempo. Por ejemplo, existen mentes muy brillantes en su parte racional, o genios, que no logran mantener una relación de pareja o familia, y viven en total soledad pues su inteligencia emocional es muy pobre. La atención tan sólo permite concentrarse en una de las dos inteligencias a la vez, y cuando estoy atento al cien por ciento en emociones negativas intensas, me convierto en la angustia y me olvido de mí mismo –como observador de la angustia– y no razono ni aprendo, hasta haber agotado la emoción; es sólo entonces que la puedo sintetizar, objetivar, convertir en símbolos y racionalizar, para finalmente comprender y aprender lo necesario; pues cada emoción negativa está ahí para enseñarme algo. ¡Pero la vida se me va como agua entre las manos a cada instante!, y necesito aprender mucho más rápido para optimizar este proceso al máximo. Lo ideal es primero respirar profundamente, al menos tres veces, imaginando que inhalo la Luz de Dios y la expando en mi pecho; y una vez ya en mi centro, escribir, pues al hacerlo activo mi hemisferio cerebral izquierdo (racional), concentrándome en mi inteligencia racional. Usando esta técnica encenderé mi Yo Observador y obtendré rápidamente el aprendizaje a lograr de la emoción. Es a través del equilibrio perfecto que se puede llegar a obtener la sabiduría y la claridad. Te recomiendo la meditación diaria para conservarte en tu verdadero centro, en el centro de la luz, del amor infinito y eterno que vive y habita en ti, hoy y siempre. ¡El acercarnos a Dios, cualquiera que sea tu creencia, y dar gracias y glorificarlo, es una gran ayuda para mantener el balance! Si Dios conmigo,

¿quién contra mí?...




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